La importancia de educar en el entorno natural

En un mundo donde la tecnología domina nuestras vidas y las agendas están más ocupadas que nunca, nos hemos desconectado de un elemento esencial para nuestra salud y bienestar: la naturaleza. Katia Hueso, cofundadora de la primera escuela infantil al aire libre en España, la Escuela Saltamontes, plantea en una entrevista reflexiva que necesitamos recuperar esa conexión perdida, especialmente en la infancia, a través de espacios como parques infantiles naturales, que fomentan el contacto directo con el entorno. 

El déficit de naturaleza: un síndrome moderno 

El síndrome de déficit de naturaleza, acuñado por Richard Louv en su libro Last Child in the Woods, describe cómo el alejamiento de la vida al aire libre afecta negativamente nuestra salud física, emocional y mental. Este fenómeno, cada vez más diagnosticado, resalta la urgencia de ofrecer oportunidades regulares de interacción con el medio natural, especialmente en la infancia, cuando se construye un vínculo profundo con el entorno que perdurará toda la vida. Lugares como los juegos de exterior en entornos naturales ayudan a paliar este déficit.

Educación en la naturaleza: un modelo transformador 

La educación en la naturaleza propone integrar la naturaleza en el día a día de los niños, no como un escenario esporádico, sino como un aula permanente. Este enfoque tiene múltiples formatos: 

  • Escuelas al aire libre, donde el aula es el entorno natural. 
  • Educación combinada, que mezcla sesiones en la naturaleza con la escolarización convencional. 
  • Espacios reverdecidos, como patios escolares transformados y aulas al aire libre, que a menudo incluyen elementos propios de parques infantiles naturales. 

Este modelo fomenta la conexión auténtica con el entorno, respetando los límites que garantizan seguridad y sostenibilidad. 

Beneficios de crecer en la naturaleza

La naturaleza es más que un lugar para jugar; es un entorno que nutre cuerpo, mente y alma. En términos de salud, el contacto regular con la naturaleza estimula el desarrollo cerebral, físico y emocional. Niños en entornos al aire libre permanecen activos hasta el 70% del tiempo, frente al 20% en una escuela convencional, lo que beneficia su desarrollo esquelético y musculoesquelético. 

Además, el bienestar mental es notablemente mayor gracias a la coherencia de los estímulos naturales. Los colores, texturas y sonidos del entorno natural son estimulantes y calmantes al mismo tiempo, proporcionando un equilibrio único que no se encuentra en entornos artificiales, como los centros comerciales, que sobrecargan los sentidos. Espacios como los parques infantiles exteriores o los juegos de exterior en la naturaleza son ideales para fomentar el bienestar. 

Para niños con dificultades atencionales, el juego libre en la naturaleza es especialmente beneficioso. Ayuda a construir autonomía, resiliencia y autoconocimiento, ofreciendo un respiro necesario frente a agendas sobrecargadas y rutinas médicas. 

 

Riesgo y autonomía: confiar en los niños 

La naturaleza también es un espacio donde los niños pueden explorar el riesgo de forma segura, desarrollando habilidades esenciales como agilidad, fuerza y capacidad de decisión. Como adultos, debemos aprender a distinguir entre riesgo y peligro, permitiendo que los niños experimenten desafíos manejables. Prohibirles asumir riesgos podría resultar en adultos incapaces de enfrentarse a la vida de forma autónoma. 

Por ejemplo, trepar un árbol implica riesgos, pero los beneficios —físicos y emocionales— superan con creces los posibles contratiempos. Es crucial dar espacio a los niños para que experimenten sus propios logros y aprendan de sus límites. Los parques infantiles naturales son entornos perfectos para fomentar este tipo de experiencias, al incorporar elementos como troncos, piedras y desniveles que invitan al desafío y la creatividad. 

Devolverles la naturaleza a los niños 

Hueso llama la atención sobre las «3 A» que inhiben la actividad física en los niños: accidentes (miedo excesivo a que se hagan daño), agendas (cargadas de actividades extraescolares) y automóviles (que monopolizan los espacios públicos). Frente a este panorama, propone crear más espacios verdes y azules en ciudades y pueblos, lugares donde los niños puedan jugar y explorar con libertad, como los parques infantiles exteriores.

Además, enfatiza la necesidad de reverdecer la educación, integrando la naturaleza en el currículo y enseñando todas las asignaturas al aire libre, siempre que sea posible. 

Impacto a largo plazo 

Los niños que crecen en contacto con la naturaleza no solo serán adultos más saludables y equilibrados, sino también ciudadanos más conscientes del impacto ambiental de sus decisiones. Este enfoque educativo fomenta una generación capaz de reconectar con la tierra y actuar para protegerla. 

Somos naturaleza 

Como dice Hueso, un simple momento de introspección —sentados bajo un árbol, sintiendo el viento y observando el entorno— puede recordarnos que somos parte de algo mucho más grande. Darles este regalo a los niños no solo beneficia su desarrollo personal, sino también el futuro de nuestro planeta. 

Educar en la naturaleza no es una moda; es una necesidad. Si queremos formar generaciones que valoren, respeten y preserven el entorno natural, debemos devolverles a los niños lo que siempre les ha pertenecido: el derecho a descubrir que ellos también son naturaleza. 


Escucha la entrevista completa «La naturaleza como protagonista de la educación» a Katia Hueso.

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